La semana pasada, mientras paseaba por el centro histórico de Aguascalientes, llegué a una esquina y, al cruzar la calle, me topé con un taxi que obstruía el paso peatonal. Miré al tío que conducía, quien soltó un abrupto «¡Qué!». Solo moví la cabeza y seguí caminando.
Lo interesante fue que, al lado, otro taxista me dirigió unas palabras, disculpándose por su compañero y señalando: «Hay pendejos que no entienden».
Actualmente, parece que la educación y la empatía son conceptos ignorados o simplemente no importan. ¿No te jode que haya gilipollas que solo reaccionan cuando se ven directamente afectadas por una conducta negativa o una acción que los perjudica? Pero, cuando no es el caso, encuentran una manera de justificar su comportamiento subnormal.
¿No te jode que haya zopencos que no asuman la responsabilidad de incomodar a otros? Por ejemplo, cuando se les reclama por estacionar sus vehículos o los de sus invitados frente a cocheras en uso, responden con la desfachatez de un tranquilo “Espere, es que no había dónde estacionarme”. O peor aún, cuando un imbécil deja su auto mal estacionado detrás de tu vehículo y, al decirle “Voy a salir, ¿me permites?”, simplemente te mira y sigue en lo suyo, obligándote a repetir “¿Te puedes mover?”, para que el imbécil en cuestión apenas entonces responda con un indiferente “Espera, ya voy”.
¿No te jode que en una oficina haya personas incapaces de darse cuenta de que su comportamiento molesta a los demás? Como cuando ponen música a todo volumen solo porque olvidaron sus audífonos o simplemente porque les apetece, cuando su móvil suena con tonos irritantes y a los capullos ni se les ocurre silenciarlo, o cuando calientan comida con olores penetrantes sin considerar a quienes los rodean.
¿No te jode que tengamos autoridades y representantes populares que, sin tener idea de lo que hacen, tomen decisiones o sean indolentes ante la sociedad? Como aquellos que, ante el caso de Teuchitlán, declaran frases como: “¿Quién dice que los zapatos son de desaparecidos?” o “No hay un dictamen concluyente. Sí encontraron una serie de osamentas, pequeños trozos de osamenta. El dictamen de la Fiscalía del estado no nos garantiza la credibilidad ni las características específicas de esos restos óseos, pero de que los encontraron, los encontraron.”
¿No te jode caminar por banquetas y explanadas teniendo que esquivar bicicletas, scooters eléctricos, motocicletas o incluso automóviles? En muchas partes de la ciudad, estos conductores han invadido el espacio peatonal con la complacencia de las autoridades, que solo observan sin actuar.
Es un problema complejo: muchos circulan por las banquetas porque se sienten inseguros en las calles. Sin embargo, como peatón, estás completamente expuesto y, si les pides que respeten el espacio, se indignan y responden: «¿Por dónde quieres que pase?»
Es fundamental que las personas desarrollemos una mayor sensibilidad hacia los demás para fomentar el respeto mutuo. El individualismo excesivo refleja una sociedad inmadura y carente de civilidad, lo que, a su vez, genera polarización y desprecio por la diferencia.
Quienes viven atrapados en el desprecio por las inequidades sociales, la violencia sistémica, la sensación de inseguridad y la ausencia del Estado terminan fomentando, la ley del más fuerte, el “sálvese quien pueda” y la justicia por mano propia. Al mismo tiempo, quienes nos atrevemos a quejarnos, argumentar o expresar enojo ante la falta de empatía y civismo somos estigmatizados.
¿NO TE JODE que, al final, parezca que el problema somos quienes nos quejamos, mientras los verdaderos responsables son los capullos incapaces de darse cuenta de que no viven solos? Una cosa es tener paciencia, y otra muy distinta es tener que soportar a personas egoístas y ensimismadas.