El pasado 14 de agosto la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que los brotes de Mpox o Viruela del mono, en el Congo y otras partes de Africa son una emergencia de salud mundial, lo cual ha desencadenado que en muchos medios sen hable de una nueva pademia o epidemia, sin embargo la forma de contagio hace que no sea una alta probabildad, pues el contagio a diferencia del Covid 19, se da por contacto fìsico cercano con personas infectadas o su ropa o sábanas sucias.
La importancia de abordar este tema, es porque las pandemias y epidemias representan desafíos significativos no solo para la salud pública, sino también para la protección y promoción de los derechos humanos.
El derecho a la salud es fundamental en tiempos de pandemias y epidemias. Según la OMS, todos tienen derecho al más alto nivel posible de salud física y mental. Durante una crisis sanitaria, esto incluye acceso a servicios de salud de calidad, medicamentos esenciales y vacunas. Sin embargo, las pandemias pueden sobrecargar los sistemas de salud, como lo que sucedió con el Covid 19, lo que dificulta el acceso equitativo a estos servicios, especialmente para las poblaciones vulnerables.
El acceso a información precisa y oportuna es crucial. La desinformación y la falta de transparencia pueden generar miedo y desconfianza, exacerbando la crisis sanitaria. Las autoridades tienen la obligación de proporcionar información clara y precisa sobre la enfermedad, medidas preventivas y servicios disponibles, respetando el derecho a la privacidad y la protección de datos personales.
Las medidas de vigilancia y seguimiento de contactos pueden ser necesarias para controlar la propagación de una enfermedad, pero deben equilibrarse con el derecho a la privacidad. Es esencial que dichas medidas sean proporcionales, transparentes y cuenten con salvaguardas adecuadas para evitar abusos.
Las cuarentenas, cierres de fronteras y restricciones de movimiento son comunes durante las pandemias. Si bien pueden ser necesarias para proteger la salud pública, estas medidas deben ser proporcionales, no discriminatorias y limitadas en el tiempo. Además, deben implementarse con respeto a la dignidad humana y las necesidades básicas de las personas afectadas.
Las pandemias no deben usarse como pretexto para restringir injustificadamente la libertad de expresión y el derecho de reunión pacífica. Aunque las reuniones pueden limitarse para evitar la propagación del virus, tales restricciones deben ser necesarias y proporcionales. Los gobiernos deben permitir que los ciudadanos expresen sus preocupaciones y participen en la toma de decisiones que afectan sus vidas.
Las pandemias afectan gravemente los derechos laborales, dejando a muchas personas sin trabajo o expuestas a condiciones laborales inseguras. Es fundamental proteger a los trabajadores a través de medidas como licencias por enfermedad pagadas, condiciones de trabajo seguras y apoyo financiero para aquellos que pierden sus empleos.
El cierre de escuelas y universidades impacta el derecho a la educación. Las soluciones de aprendizaje a distancia pueden mitigar este impacto, pero también pueden exacerbar las desigualdades, ya que no todos los estudiantes tienen acceso a la tecnología necesaria. Es vital que los gobiernos implementen políticas inclusivas que aseguren la continuidad de la educación para todos los estudiantes.
Las personas mayores son especialmente vulnerables durante las pandemias debido a su mayor riesgo de enfermedad grave. Es crucial que las políticas de salud pública consideren sus necesidades específicas, proporcionando acceso prioritario a atención médica y apoyo comunitario.
Las minorías étnicas, personas con discapacidad, refugiados y migrantes suelen enfrentar barreras adicionales para acceder a los servicios de salud y otros recursos esenciales. Las políticas de respuesta a pandemias deben ser inclusivas y no discriminatorias, garantizando que todas las personas, independientemente de su origen o condición, reciban la atención y el apoyo necesarios.
La implementación de leyes de emergencia debe ser cuidadosa y limitada a lo estrictamente necesario. Estas leyes deben ser revisadas periódicamente y estar sujetas a supervisión independiente para evitar abusos y garantizar el respeto de los derechos humanos.
Como ya pudimos ver, la cooperación internacional es de vital importancia para abordar las pandemias de manera efectiva. Los países deben compartir información, recursos y estrategias para contener la propagación del virus y mitigar su impacto. Además, la asistencia internacional debe enfocarse en fortalecer los sistemas de salud de los países más vulnerables.
Los países deben invertir en la preparación y resiliencia de sus sistemas de salud. Esto incluye fortalecer la infraestructura de salud pública, capacitar al personal médico y desarrollar planes de respuesta rápida.
Las respuestas a las pandemias deben basarse en un enfoque de derechos humanos, asegurando que todas las medidas tomadas respeten y protejan los derechos fundamentales. Esto incluye la participación de las comunidades en la toma de decisiones y la protección de los derechos de los más vulnerables, pues como hemos visto una mala respuesta por parte de las autoridades puede hacer la diferencia en el resultado que puede tener la población.
La transparencia y la rendición de cuentas son cruciales para generar confianza y asegurar la efectividad de las respuestas a las pandemias. Los gobiernos deben ser abiertos sobre sus decisiones y acciones, y estar dispuestos a ser auditados y corregir errores cuando sea necesario.
Las pandemias y epidemias plantean desafíos significativos para los derechos humanos. Sin embargo, con un enfoque adecuado y respetuoso de los derechos, es posible mitigar estos impactos y asegurar que todas las personas reciban la protección y el apoyo que necesitan. La clave está en la preparación, la cooperación y un firme compromiso con los principios de derechos humanos. Esto no solo ayudará a enfrentar la crisis actual, sino también a fortalecer la resiliencia para futuras emergencias de salud pública.