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Babbo: el inicio de un vínculo especial. Parte I

A lo largo de mi vida, siempre he valorado la importancia de formar vínculos, ya sea con personas o con otros seres vivos. Algunos de estos lazos surgen de manera natural, como los que se establecen con la familia nuclear, mientras que otros se desarrollan a partir de experiencias únicas. En esta ocasión, quiero reflexionar sobre el vínculo que desarrollé con un gran ser vivo y gran compañero.

Cuando vivía con mis padres y hermanos, mi madre no era particularmente entusiasta con las mascotas. Sin embargo, tuvimos un perro que llegó como regalo. Como suele suceder, el cuidado del animal recayó principalmente en ella. Lamentablemente, esa experiencia terminó de manera trágica: el perro murió atropellado, dejando un recuerdo doloroso para todos.

Con los años, tuve otro compañero peludo, un schnauzer miniatura. Desafortunadamente, enfermó de parvovirus pocas semanas después de llegar. Esa pérdida me marcó tanto que decidí dejar de lado la idea de tener mascotas.

Sin embargo, hace cinco años conocí a Babbi, una preciosa yorkie que me hizo cambiar de opinión. Fue entonces cuando me puse a investigar sobre las características de su raza y descubrí que encajaban perfectamente con mi estilo de vida. Los yorkies son pequeños, livianos, alegres, curiosos, inteligentes y con una personalidad fuerte. Además, sueltan poco pelo y son considerados hipoalergénicos debido a su pelaje fino, sedoso y liso.

Leí todo lo que pude sobre esta raza: sus pros y contras, sus necesidades y las implicaciones de tener uno en mi vida diaria. Más importante aún, reflexioné si estaba listo para asumir la responsabilidad de cuidar de un ser vivo. Después de mucho pensarlo, hablé con la dueña de Babbi, una querida amiga, y le dije que me encantaría tener uno de sus cachorros si alguna vez llegaba a tener más.

No fue hasta su segunda camada, que me tocó ver, que conocí a Babbo. Mi amiga me avisó cuando nacieron los cachorros y, a los pocos días, fui a visitarlos. Babbo era una bolita de pelo que cabía en mi mano. En marzo de 2021, por fin fui por él. Debo confesar que iba emocionado, pero también algo nervioso. Cuando llegué a la casa de mi amiga, me invitaron a pasar. Me senté, y el primero en acercarse a mis pies fue Babbo.

Por cierto, su nombre viene de su mamá, Babbi. Muchas personas creen que lo nombré en honor al vocalista del Cártel de Santa, y aunque me gusta la referencia, rara vez aclaro su verdadero origen.

Esa primera interacción con Babbo fue mágica. Jugaba con las agujetas de mis tenis, y tras un rato decidí llevármelo a casa. Durante el trayecto en el coche, me invadió cierta ansiedad porque varias personas me habían advertido que los cachorros suelen llorar las primeras noches al extrañar a su mamá y hermanos. Pero algo inesperado sucedió: esa noche fui a un bar con unos amigos y llevé a Babbo conmigo. Fue la sensación del lugar; todos lo apapacharon y mimaron. Nos desvelamos, y al llegar a casa de madrugada, Babbo estaba tan cansado que no tuvo tiempo de extrañar nada, solo de dormir.

Al día siguiente, despertó tranquilo en su nueva cama. Le había comprado croquetas y tazones para su comida y agua, todo basado en lo que había leído. Esa noche, otra amiga me invitó a su casa, y aunque tenía mis reservas por estar adaptándome a los hábitos de Babbo, decidí llevarlo. Fue un éxito; pasó un rato agradable, recibió más apapachos y, nuevamente, se desveló, lo que lo ayudó a adaptarse.

Creo que esos primeros momentos fueron clave para que Babbo desarrollara confianza en lugares nuevos, tanto ruidosos como tranquilos. Hoy en día, tiene la capacidad de adaptarse y estar relajado en casi cualquier ambiente.

Desde entonces, hemos compartido grandes aventuras. No me arrepiento de haberlo elegido, aunque creo que fue él quien me eligió a mí. Hoy es una parte fundamental de mi vida, un compañero que ha estado a mi lado en todo tipo de momentos. He ajustado aspectos de mi vida para que él también tenga una buena calidad de vida, porque no es simplemente una mascota ocasional ni alguien a quien saco solo para cumplir con sus necesidades básicas.

A lo largo de estos cuatro años, algunas personas han criticado el tiempo y las atenciones que le dedico. Lo respeto, pero no me importa, porque al final, quien lo hace soy yo. Lo que realmente me llena de felicidad es ver cómo, cada vez que paseamos, Babbo logra arrancar sonrisas y escuchar comentarios de lo bonito y educado que es.

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