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Entre butacas y la perspectiva femenina

La semana pasada fui al cine con el objetivo de pasar un momento tranquilo y agradable viendo una película protagonizada por dos grandes artistas: Nicole Kidman, ganadora del Premio Óscar, y Antonio Banderas. Según la sinopsis de la peli, se destacaba la actuación de Nicole y su enfoque en la perspectiva de la sexualidad femenina, lo que llamó mi atención y me llevó a comprar mi boleto a través de la app de Cinépolis. Opté por la sala VIP para evitar distracciones de personas que pudieran estar platicando. Un consejo: ¡no olviden esto!

Una de las ventajas de comprar el ticket en la aplicación es evitar las filas; solo es necesario buscar el asiento correspondiente, por cierto, no me patrocina Cinépolis. Al entrar a la sala, noté que la mayoría del público ya estaba instalado y aparentaban estar en una edad de sus cincuentas altos, lo que me hizo suponer que todos nos concentraríamos en la película. Sin embargo, esta expectativa no se cumplió del todo.

Babygirl, un thriller erótico dirigido por la cineasta neerlandesa Halina Reijn, aborda temas polémicos y provocadores. La trama se centra en una relación entre una poderosa ejecutiva y un joven pasante, explorando cuestiones como el abuso de poder, el deseo, la sexualidad femenina en el matrimonio y las consecuencias de decisiones impulsivas.

La historia de Romy, interpretada por Nicole Kidman, resulta especialmente intrigante. Como exitosa directora ejecutiva con una vida que aparenta ser perfecta en lo personal, matrimonial y profesional, se ve envuelta en un romance con Samuel, un becario 25 años menor que ella, interpretado por Harris Dickinson. Una escena clave en la primera parte del filme ocurre cuando Romy, mientras camina por la acera, presencia el ataque de un perro a una persona. El peludo, tras agredir, se vuelve hacia Romy y corre hacia ella, pero Samuel lo detiene con un simple silbido. Este gesto no solo revela un control que Romy parece carecer, sino que también marca un punto decisivo en la narrativa.

El filme plantea preguntas provocadoras sobre la moralidad y el poder en relaciones desequilibradas, pero desde la perspectiva femenina, un enfoque poco común. Esme, un personaje secundario pero crucial, juega un rol importante en la relación entre Romy y Samuel, destacándose como una defensora de la importancia de que más mujeres triunfen en un entorno dominado por hombres. Lo interesante es cómo lo logra dentro de la trama.

Algunas escenas de corte erótico soft, como las que muestran a Romy y Samuel en una habitación o su interacción con Jacob (personaje de Antonio Banderas) tras una pelea, generaron comentarios en el público. A mi alrededor, varias parejas comenzaron a cuchichear sobre estas situaciones. Mientras algunos hombres intentaban explicar las escenas con tono burlón, argumentando que eran “ridículas” o “imposibles de aceptar”, las mujeres a su lado mostraban expresiones de condescendencia.

Resulta llamativo que la película aborde el tema de la sexualidad y la satisfacción femenina en las relaciones, destacando cómo aún parece ser un tema tabú para muchos hombres, quienes a menudo no son plenamente conscientes de su importancia. Al final del filme, la directora deja claras ideas interesantes: por un lado, que las consecuencias de los actos de una mujer no son ni mejores ni peores que las de otros; y, por otro, la relevancia de atender las necesidades de la pareja, entendidas como algo esencial para ella.

Además de la chachara y platicas molestas, algunas personas decidieron sacar sus celulares, probablemente porque perdieron interés en la película. Esto resulto molesto durante el resto de la película, pese a esto mantiene su ritmo durante los 114 minutos de duración.

La directora Halina Reijn logra un enfoque moderno y provocador. Es notable cómo evita convertir a Samuel en un villano tradicional, presentándolo como un personaje ambiguo y manipulador, pero sin caer en clichés. Esto marca una diferencia significativa con los thrillers eróticos clásicos, que tendían a juzgar o condenar a sus personajes.

Ir al cine es una experiencia única gracias a la pantalla, el sonido envolvente, los sillones reclinables, las palomitas y, claro, las emociones compartidas con otros espectadores. Sin embargo, un llamado a la cortesía: eviten molestar a quienes desean disfrutar de la película. Si quieren comentar algo, háganlo en voz baja o, mejor aún, reserven sus opiniones para después de la función. Y, por favor, si ya no les interesa la película, no saquen su celular; esto solo refleja falta de educación y consideración hacia los demás. ¡Carajo!

P.D. Recomendada la película, especialmente para quienes tienen una mente abierta.

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