5 mins read

El divorcio como el derecho humano al libre desarrollo de la personalidad

En Aguascalientes nos ha impactado la noticia de que durante el año 2024 se presentaron un promedio de 16.2 demandas diarias de divorcio, lo que equivale a alrededor de seis mil parejas; sin embargo, a pesar de lo alarmante que pudiera parecer, existe un concepto que no todas las personas conocen o entienden, que es el libre desarrollo de la personalidad.

El concepto de libre desarrollo de la personalidad es un principio fundamental de los derechos humanos, recogido en diversos ordenamientos jurídicos, que reconoce a las personas el derecho a actuar conforme a sus propios deseos y valores, siempre que no infrinja los derechos de los demás. Este principio se encuentra reflejado en los artículos 1 y 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como en tratados internacionales como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. En este contexto, el divorcio puede ser entendido no solo como un proceso legal de disolución de un matrimonio, sino como un ejercicio legítimo del libre desarrollo de la personalidad.

El libre desarrollo de la personalidad es un concepto amplio que abarca la posibilidad de que las personas puedan vivir de acuerdo con sus propios valores, creencias y aspiraciones, sin la intervención o coacción indebida de otros, siempre que sus actos no perjudiquen a terceros. Es un principio esencial para el ejercicio pleno de la libertad individual. Este derecho, reconocido tanto a nivel nacional como internacional, reconoce que cada persona tiene derecho a elegir su forma de vida, sus creencias y su relación con los demás, lo que incluye el derecho a decidir sobre su propia vida sentimental y emocional.

En el ámbito de las relaciones conyugales, este principio cobra una relevancia especial. El matrimonio, entendido como una relación íntima y afectiva entre dos personas, puede llegar a convertirse en un espacio en el que las identidades individuales se ven afectadas, ya sea por la pérdida de la autonomía personal o por la imposición de roles que no responden a las necesidades y deseos individuales. Cuando el matrimonio deja de ser un espacio seguro y de crecimiento y se convierte en una fuente de sufrimiento, el divorcio se presenta como una opción legítima para restablecer el equilibrio entre el individuo y su entorno, permitiendo que cada parte retome el control sobre su vida.

El divorcio, desde una perspectiva filosófica y jurídica, es una forma de proteger la autonomía de las personas dentro de una relación matrimonial. Cuando un matrimonio deja de ser una relación basada en el respeto mutuo, la comprensión y el amor, puede generar un ambiente de presión y restricción que limita el desarrollo de las personalidades de los involucrados.

El derecho a decidir poner fin a un matrimonio es, una manifestación del libre desarrollo de la personalidad, ya que permite a las personas recuperar su independencia emocional y psicológica. En muchos casos, el matrimonio se convierte en un obstáculo para la realización personal, ya sea por la incompatibilidad de caracteres, las diferencias irreconciliables o la presencia de factores como la violencia doméstica, la infidelidad o el abuso emocional. En estos casos, el divorcio no solo es una medida para disolver una relación afectiva, sino también una herramienta para restaurar la autonomía y el bienestar emocional de las personas.

A través de la historia, el divorcio se ha visto como un acto moralmente incorrecto y socialmente inaceptable. Durante siglos, las sociedades occidentales —en su mayoría influenciadas por la doctrina religiosa cristiana— consideraron el matrimonio como una institución indisoluble. Sin embargo, con el tiempo, y especialmente en el siglo XX, las legislaciones de varios países comenzaron a reconocer la importancia del respeto a los derechos individuales y a la autonomía personal. En muchos países, el divorcio pasó a ser considerado como un derecho legítimo de las personas para resolver una relación que ya no les permite desarrollarse plenamente; lo que le da una visión menos punitiva del matrimonio.

Si antes el matrimonio era entendido como una institución indisoluble, ahora se le considera como una relación en la que el compromiso y la felicidad mutua deben prevalecer, y si esto ya no es posible, el divorcio se presenta como una salida respetuosa del libre desarrollo de la personalidad de los involucrados.

En el ámbito emocional, el divorcio puede verse como una válvula de escape para aquellos que experimentan sufrimiento dentro de una relación que ya no les resulta satisfactoria. El concepto de libertad emocional se refiere a la capacidad de un individuo para vivir y expresar sus emociones de manera auténtica, sin estar condicionado por expectativas externas. Cuando un matrimonio se convierte en una fuente de angustia, frustración o dolor, puede restringir la capacidad de los cónyuges para experimentar la felicidad, la realización personal y el bienestar emocional; en este sentido, el divorcio se presenta como un mecanismo para recuperar esta libertad emocional. Al tomar la decisión de separarse, las personas pueden liberarse de dinámicas negativas que afectan su bienestar, como la dependencia emocional, la violencia o la falta de comunicación. Al hacerlo, pueden crear nuevas oportunidades para el crecimiento personal y el redescubrimiento de su identidad, fuera del marco de una relación insostenible.

Es cierto que el divorcio tiene efectos que van más allá de la pareja que decide disolverse, especialmente cuando hay hijos involucrados; sin embargo, es importante destacar que el impacto social negativo del divorcio ha sido sobrevalorado en muchas ocasiones. Las investigaciones han demostrado que, en muchos casos, los hijos de padres divorciados no experimentan mayores dificultades emocionales que los de padres casados, siempre que el proceso de separación se maneje de manera respetuosa y responsable.

El divorcio puede tener beneficios sociales cuando se percibe como un acto de liberación para los involucrados. En lugar de seguir en relaciones infelices o abusivas, los ex cónyuges pueden rehacer sus vidas y contribuir a una sociedad más abierta y respetuosa con las decisiones personales. A nivel social, el divorcio también puede contribuir a la disminución de la tolerancia hacia relaciones destructivas o coactivas, promoviendo una cultura que valora la libertad individual y el respeto mutuo.

El modelo tradicional de familia ha cambiado considerablemente en las últimas décadas, con un aumento de las tasas de divorcio y una mayor aceptación social de esta institución. La familia contemporánea está cada vez más orientada hacia la autonomía de los miembros y la adaptación a los cambios personales y emocionales de cada individuo. El derecho al divorcio, como parte del libre desarrollo de la personalidad, refleja esta evolución en la comprensión de la familia, permitiendo que las personas vivan de manera más auténtica y libre de las presiones sociales.

El divorcio, entonces, debe ser visto no como una ruptura de la unidad familiar en un sentido negativo, sino como una oportunidad para que los miembros de la familia, incluidos los hijos, puedan adaptarse a nuevas circunstancias y vivir de acuerdo con sus necesidades y aspiraciones personales.

El divorcio, como derecho individual y expresión del libre desarrollo de la personalidad, es un instrumento fundamental para la protección de la autonomía emocional y psicológica de las personas. En una sociedad que valora cada vez más los derechos humanos y la libertad personal, el divorcio debe ser entendido no solo como una medida legal para disolver un matrimonio, sino como un acto legítimo de la persona que busca recuperar su bienestar emocional y su identidad. Lejos de ser un acto de fracaso, el divorcio puede ser visto como un paso hacia la liberación personal, la autonomía y la felicidad individual.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Previous Story

¿Quién define qué es importante? La influencia de la agenda política y mediática

Next Story

Dignidad peatonal

Latest from Blog

¡No te jode!

La semana pasada, mientras paseaba por el centro histórico de Aguascalientes, llegué a una esquina y,