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¿Quién define qué es importante? La influencia de la agenda política y mediática

En un mar de información diaria, identificar qué tema tiene mayor relevancia para toda la sociedad es un desafío. Además, el concepto de «toda» es ambiguo, ya que la sociedad es diversa y los intereses están segmentados; en realidad, no existe un «todos», sino distintos grupos de interés.

La ciudadanía, las masas, la población en general se convierten en el objetivo de quienes buscan influir en su percepción. Esto plantea una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto la información que se difunde es verdaderamente relevante y no simplemente una agenda impuesta, diseñada para definir nuestras preocupaciones colectivas más allá de cómo debemos pensar?

“La prensa no tiene mucho éxito en decir a la gente qué tiene que pensar, pero sí lo tienen en decir a sus lectores sobre qué tiene que pensar.” (Cohen, 1963, p. 13.)  Con esta frase se podría iniciar lo que es la agenda-setting function, una de las teorías actuales más representativas de los medios de comunicación. En ella se estudia cómo los medios ejercen influencia en las audiencias mediante los temas considerados de mayor relevancia. El medio no decide por el público qué es lo que éste tiene que pensar u opinar sobre un hecho, aunque sí decida cuáles son las cuestiones que van a estar en el candelero o en la opinión pública. A este conjunto de contenidos se le denominará: la agenda

En México, el consumo de noticias aumentó en 2024 en comparación con el año anterior, en un contexto marcado por eventos políticos, culturales y deportivos de gran relevancia nacional e internacional, según la Encuesta Nacional de Consumo de Contenidos Audiovisuales 2024 (ENCCA) del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT).

Por primera vez, la encuesta incluye un apartado sobre consumo de noticias, donde se destaca que la televisión abierta sigue siendo el medio preferido para informarse, con un 61% de preferencia, casi el doble que las redes sociales (35%) y cuatro veces más que la radio (15%).

La ENCCA revela que aproximadamente el 54% de los hogares en México cuenta únicamente con señal de televisión abierta, mientras que el 46% tiene acceso a televisión de paga. Esto limita la posibilidad de que la mayoría de los hogares acceda a una mayor diversidad de programas noticiosos y de debate, considerando que estos influyen en los temas que captan la atención pública y definen las preocupaciones colectivas.

Existen múltiples ejemplos que ilustran cómo la agenda informativa prioriza ciertos temas mientras deja de lado otros de mayor trascendencia. En Aguascalientes, un caso reciente es el proceso de designación del nuevo fiscal estatal. A la ciudadanía se le presentó como lo más importante el nombramiento en sí, sin un análisis profundo del contexto de seguridad pública en el que se desarrolla la decisión. Esto es preocupante, especialmente cuando el bienestar común está en juego.

Otro ejemplo es el Congreso del Estado de Aguascalientes, donde constantemente surgen iniciativas sobre qué legislar y qué normativas modificar. Sin embargo, surge la pregunta clave: ¿qué beneficio real buscan estas propuestas para la sociedad? Entre los temas discutidos destacan asuntos como la implementación de nuevas medidas para el uso de motocicletas para prevenir accidentes viales, la inclusión de patines y scooters en la ley de movilidad, la tenencia responsable de mascotas y la posible aplicación del programa “Hoy No Circula”. Si bien algunos de estos temas pueden ser relevantes, es necesario cuestionar si responden a necesidades prioritarias o simplemente desvían la atención de problemas más urgentes.

En el mismo sentido, durante 2025, la LXVI Legislatura del estado tiene en su agenda 44 iniciativas, de las cuales solo una está en trámite, además de siete decretos. Esto lleva a una reflexión fundamental: ¿cuáles de estos temas son realmente prioritarios para la sociedad?

Los ciudadanos tenemos una responsabilidad clave: identificar los temas que verdaderamente importan, exigir que se atiendan y velar porque las autoridades y representantes populares enfoquen su trabajo en las necesidades prioritarias, en lugar de seguir agendas impulsadas por ocurrencias o intereses ajenos al bien común.

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