El caso del niño Fernandito, asesinado a los 5 años, fue noticia nacional e internacional atrayendo los reflectores sobre una categoría específica de violencia homicida: la ocurrida contra infantes. Es habitual escuchar sobre homicidios de personas adultas, e incluso hay interés especial sobre el homicidio de jóvenes (12 a 29 años), para analizar factores de riesgo y medir sus impactos. No obstante, los homicidios de niños y niñas no han sido estudiados de manera generalizada.
De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), de 1990 a 2024, se han registrado 2 893 homicidios de menores de 1 año, mientras que los homicidios de infancias entre uno y once años en el mismo periodo son 8 916. Esto da un total de 11 809 homicidios de personas de 0 a 11 años, 1.7% de total de homicidios ocurridos en esos 25 años.
Son 11 809 vidas de infancias que terminaron de forma violenta, de infancias que no llegaron a la adolescencia ni vivieron la juventud y la adultez porque alguien los mató. Fueron bebés, niñas y niños que muchas veces vivían en contextos de abuso, negligencia o en entornos sociales y familiares negligentes y, eso sí, de un Estado que no cumplió su deber y responsabilidad de protegerlos. Más allá de las cifras, cada caso es una historia truncada, una ausencia irreparable para sus familias y un llamado urgente para replantear las prioridades en materia de seguridad, justicia y protección infantil.
De manera preliminar, en 2024 se registraron 192 homicidios de personas de 0 a 11 años. En todas las entidades ocurrió al menos un homicidio; Estado de México, Guanajuato, Chiapas y Chihuahua registraron la mayor cantidad de homicidios con 30, 22 y 13, respectivamente. Estas cuatro entidades concentraron 40.6% del total de homicidios ocurridos de este grupo de edad.
Los datos preliminares de 2024 indican que 43.8% de los homicidios de personas de 0 a 11 años fueron realizados con arma de fuego, 12.5% con objetos cortantes, 8.3% por ahorcamiento, estrangulamiento y sofocación, y 2.1% por negligencia y abandono. Además, hay 26.0% que se cometieron por medios no especificados. En el tercer trimestre de 2025 serán publicados los datos definitivos de homicidios registrados durante 2024, permitiendo caracterizar mejor la ocurrencia de homicidios contra bebés, niñas y niños.
La violencia homicida contra niñas y niños suele estar invisibilizada dentro del análisis criminal y las políticas públicas. Su baja proporción ante el total de homicidios no justifica la invisibilidad y falta de atención institucional y mediática. Al contrario, la extrema vulnerabilidad de esta población exige mecanismos especializados de prevención, detección temprana y respuesta eficaz ante señales de riesgo.
Caso como el de Fernandito solo llegan a la agenda pública cuando alcanzan atención mediática, pero la mayoría de las infancias asesinadas mueren en silencio, sin que sus historias sean conocidas ni se exijan responsabilidades. E incluso casos mediáticos se diluyen entre la violencia y la impunidad normalizadas. Visibilizar este tipo de violencia es fundamental para erradicarla y requiere no solo del compromiso de las autoridades, también demanda una sociedad que reconozca y valore a las infancias como un bien colectivo que merece ser protegido en todo momento.