La grasa corporal es un tejido indispensable para la vida humana. Actúa como reserva energética, participa en la termorregulación y protege estructuras internas. Sin embargo, la distribución de esta grasa en el cuerpo tiene implicaciones muy distintas para la salud. En particular, la grasa visceral o abdominal. ubicada en la cavidad abdominal y rodeando órganos como el hígado, intestinos y páncreas, ha cobrado creciente atención médica y científica debido a su papel central en la génesis de enfermedades metabólicas y cardiovasculares. A diferencia de la grasa subcutánea, la grasa visceral es metabólicamente más activa y, por lo mismo, más peligrosa.
Conozcamos un poco más la fisiología de la grasa visceral-abdominal:
El tejido adiposo visceral es un tipo de tejido adiposo blanco especializado en el almacenamiento de triglicéridos y en la liberación de ácidos grasos libres según las necesidades energéticas del organismo. Se encuentra principalmente alrededor de los órganos intraabdominales.
A nivel celular, los adipocitos viscerales presentan particularidades clave:
- Mayor capacidad lipolítica (liberan más fácilmente ácidos grasos al torrente sanguíneo).
- Mayor sensibilidad a la adrenalina y menor sensibilidad a la insulina, lo que favorece la resistencia a esta última.
- Mayor irrigación e inervación simpática, lo que incrementa su actividad metabólica.
Desde el enfoque clínico, un exceso de grasa visceral se asocia con obesidad abdominal o central, que puede evaluarse mediante medidas antropométricas como la circunferencia de cintura (≥88 cm en mujeres y ≥102 cm en hombres indica riesgo alto).
Lejos de ser un simple “almacén de energía”, el tejido adiposo visceral actúa como un órgano endocrino. Sus adipocitos y células inmunes secretan sustancias conocidas como adipoquinas o adipocitoquinas que tienen efectos locales como sistémicos:
- Leptina: regula la saciedad y el gasto energético; en obesidad hay hiperleptinemia pero resistencia a su acción.
- Adiponectina: mejora la sensibilidad a la insulina y ejerce efectos antiinflamatorios y antiaterogénicos; paradójicamente, sus niveles disminuyen en individuos con exceso de grasa visceral.
- Resistina y visfatina: relacionadas con resistencia a la insulina y disfunción endotelial.
- Citoquinas proinflamatorias: induce un estado inflamatorio crónico de bajo grado que promueve aterosclerosis, resistencia a la insulina y daño vascular.
En conjunto, estas secreciones le dan a la grasa visceral un papel fundamental en el síndrome metabólico, que incluye hipertensión, hiperglucemia, dislipidemia y obesidad abdominal.
Para entender porque esta grasa es la que tiene mayor riesgo sobre el corazón y el vínculo entre grasa visceral y enfermedad cardiovascular, aunque complejo y amplio, a grandes rasgos los mecanismos incluyen:
- Resistencia a la insulina: favorece acumulación de grasa en el hígado y desregulación de la glucosa.
- Aumento de triglicéridos, reducción del colesterol HDL y partículas LDL pequeñas y densas, altamente dañinas.
- Hipertensión arterial.
- Inflamación crónica: deteriora la función endotelial, favorece la formación de placas de ateroma y aumenta la rigidez arterial, con riesgo de trombos o infartos.
- Estado trombótico: mayor predisposición a eventos vasculares como trombosis o embolias.
El exceso de grasa visceral se ha vinculado directamente con aterosclerosis, infarto agudo al miocardio, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardiaca.
Estrategias para revertir o tratar la grasa visceral
Lo más positivo es que, a diferencia de la grasa subcutánea, la grasa visceral responde de forma más favorable a cambios en el estilo de vida.
a) Alimentación balanceada
- Reducción del exceso y preferencia por alimentos de alta densidad nutricional.
- Dietas con bajo índice glucémico, ricas en fibra, vegetales, proteínas magras y grasas insaturadas.
- Disminución de azúcares simples y grasas trans
b) Ejercicio físico
- Actividad aeróbica diaria (correr, nadar, bicicleta, entre otras) durante al menos 45 minutos diarios.
- Entrenamiento de fuerza: mejora la sensibilidad a la insulina y aumenta de masa muscular.
- HIIT (entrenamientos por intervalos de alta intensidad) (conocidos como HIITs) especialmente eficaces para reducir grasa abdominal en menor tiempo.
c) Modificaciones conductuales y del sueño
- Evitar el consumo excesivo de alcohol.
- Dormir entre 7–9 horas de calidad reduce disfunciones hormonales asociadas al apetito y al metabolismo.
- Manejar el estrés, ya que niveles altos de cortisol favorecen la acumulación abdominal de grasa.
d) Tratamiento farmacológico y médico
En algunos casos, puede ser necesario complementar el tratamiento con intervención farmacológica o médica supervisada, dependiendo del riesgo metabólico o cardiovascular del paciente.
La grasa visceral no es un simple exceso de volumen en el abdomen: es un tejido activo, con capacidad para alterar el equilibrio hormonal, metabólico e inmunológico del cuerpo. Entender su fisiología, sus riesgos y, sobre todo, cómo reducirla, es fundamental para prevenir enfermedades graves y promover una salud duradera.
Combatirla no se trata solo de estética, sino de salud integral.