01/09/2025
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La grasa visceral no es sólo un almacén de energía… ¡es un órgano activo!

La grasa corporal es un tejido indispensable para la vida humana. Actúa como reserva energética, participa en la termorregulación y protege estructuras internas. Sin embargo, la distribución de esta grasa en el cuerpo tiene implicaciones muy distintas para la salud. En particular, la grasa visceral o abdominal. ubicada en la cavidad abdominal y rodeando órganos como el hígado, intestinos y páncreas, ha cobrado creciente atención médica y científica debido a su papel central en la génesis de enfermedades metabólicas y cardiovasculares. A diferencia de la grasa subcutánea, la grasa visceral es metabólicamente más activa y, por lo mismo, más peligrosa.

Conozcamos un poco más la fisiología de la grasa visceral-abdominal:

El tejido adiposo visceral es un tipo de tejido adiposo blanco especializado en el almacenamiento de triglicéridos y en la liberación de ácidos grasos libres según las necesidades energéticas del organismo. Se encuentra principalmente alrededor de los órganos intraabdominales.

A nivel celular, los adipocitos viscerales presentan particularidades clave:

  • Mayor capacidad lipolítica (liberan más fácilmente ácidos grasos al torrente sanguíneo).
  • Mayor sensibilidad a la adrenalina y menor sensibilidad a la insulina, lo que favorece la resistencia a esta última.
  • Mayor irrigación e inervación simpática, lo que incrementa su actividad metabólica.

Desde el enfoque clínico, un exceso de grasa visceral se asocia con obesidad abdominal o central, que puede evaluarse mediante medidas antropométricas como la circunferencia de cintura (≥88 cm en mujeres y ≥102 cm en hombres indica riesgo alto).

Lejos de ser un simple “almacén de energía”, el tejido adiposo visceral actúa como un órgano endocrino. Sus adipocitos y células inmunes secretan sustancias conocidas como adipoquinas o adipocitoquinas que tienen efectos locales como sistémicos:

  • Leptina: regula la saciedad y el gasto energético; en obesidad hay hiperleptinemia pero resistencia a su acción.
  • Adiponectina: mejora la sensibilidad a la insulina y ejerce efectos antiinflamatorios y antiaterogénicos; paradójicamente, sus niveles disminuyen en individuos con exceso de grasa visceral.
  • Resistina y visfatina: relacionadas con resistencia a la insulina y disfunción endotelial.
  • Citoquinas proinflamatorias: induce un estado inflamatorio crónico de bajo grado que promueve aterosclerosis, resistencia a la insulina y daño vascular.

En conjunto, estas secreciones le dan a la grasa visceral un papel fundamental en el síndrome metabólico, que incluye hipertensión, hiperglucemia, dislipidemia y obesidad abdominal.

Para entender porque esta grasa es la que tiene mayor riesgo sobre el corazón y el vínculo entre grasa visceral y enfermedad cardiovascular, aunque complejo y amplio, a grandes rasgos los mecanismos incluyen:

  1. Resistencia a la insulina: favorece acumulación de grasa en el hígado y desregulación de la glucosa.
  2. Aumento de triglicéridos, reducción del colesterol HDL y partículas LDL pequeñas y densas, altamente dañinas.
  3. Hipertensión arterial.
  4. Inflamación crónica: deteriora la función endotelial, favorece la formación de placas de ateroma y aumenta la rigidez arterial, con riesgo de trombos o infartos.
  5. Estado trombótico: mayor predisposición a eventos vasculares como trombosis o embolias.

El exceso de grasa visceral se ha vinculado directamente con aterosclerosis, infarto agudo al miocardio, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardiaca.

Estrategias para revertir o tratar la grasa visceral

Lo más positivo es que, a diferencia de la grasa subcutánea, la grasa visceral responde de forma más favorable a cambios en el estilo de vida.

  a) Alimentación balanceada

  • Reducción del exceso y preferencia por alimentos de alta densidad nutricional.
  • Dietas con bajo índice glucémico, ricas en fibra, vegetales, proteínas magras y grasas insaturadas.
  • Disminución de azúcares simples y grasas trans

  b) Ejercicio físico

  • Actividad aeróbica diaria (correr, nadar, bicicleta, entre otras) durante al menos 45 minutos diarios.
  • Entrenamiento de fuerza: mejora la sensibilidad a la insulina y aumenta de masa muscular.
  • HIIT (entrenamientos por intervalos de alta intensidad) (conocidos como HIITs) especialmente eficaces para reducir grasa abdominal en menor tiempo.

  c) Modificaciones conductuales y del sueño

  • Evitar el consumo excesivo de alcohol.
  • Dormir entre 7–9 horas de calidad reduce disfunciones hormonales asociadas al apetito y al metabolismo.
  • Manejar el estrés, ya que niveles altos de cortisol favorecen la acumulación abdominal de grasa.

  d) Tratamiento farmacológico y médico

En algunos casos, puede ser necesario complementar el tratamiento con intervención farmacológica o médica supervisada, dependiendo del riesgo metabólico o cardiovascular del paciente.

La grasa visceral no es un simple exceso de volumen en el abdomen: es un tejido activo, con capacidad para alterar el equilibrio hormonal, metabólico e inmunológico del cuerpo. Entender su fisiología, sus riesgos y, sobre todo, cómo reducirla, es fundamental para prevenir enfermedades graves y promover una salud duradera.

Combatirla no se trata solo de estética, sino de salud integral.

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