27/10/2025
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Percepción y realidad

La inseguridad es el principal tema que preocupa a la sociedad mexicana. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2025, este fue el principal problema nacional y en todas las entidades. Los datos confirman que el miedo y la experiencia del delito no solo persisten, sino que aumentaron después de una pequeña reducción entre 2022 y 2023. Este repunte devuelve la sensación de que la inseguridad, se ha convertido en una constante emocional que atraviesa la vida cotidiana.

La ENVIPE 2025 arroja que 75.6% de la población adulta siente inseguridad en su entidad federativa, tres puntos más que el año anterior. La percepción también aumentó en otros ámbitos de referencia: a 64.7% en el municipio o demarcación y a 40.5% en la colonia o localidad. El incremento es relevante porque rompe una tendencia de ligera mejora que se observaba desde 2021. En los tres ámbitos, la proporción de personas que declaran sentirse inseguridad aumentó, y con ello reapareció el clima social de desconfianza que suele acompañar los años de alza delictiva.

Sin embargo, la percepción no siempre va al ritmo de la realidad. En ocasiones, las personas sienten mayor inseguridad sin que haya más delitos, o viceversa: las cifras de victimización bajan mientras que la población mantiene la sensación de inseguridad. En 2025 ocurrió que tanto la percepción como la victimización se movieron en el mismo sentido, que refuerza la idea de un deterioro percibido y vivido. Según la misma encuesta, la tasa nacional de prevalencia delictiva fue de 24 135 víctimas por cada 100 000 habitantes, lo que equivale a 23.1 millones de personas afectadas por algún delito. El dato representa un aumento respecto al año anterior, cuando la tasa de prevalencia nacional se ubicó en 23 127.

Esta dimensión de percepción explica por qué la sensación de inseguridad puede pesar más que el delito mismo. Las personas reorganizan rutinas, modifican horarios, evita espacios públicos o dejan de participar en actividades comunitarias. La inseguridad, más que una cifra, altera la vida cotidiana. En la práctica, los resultados de 2025 revelan un país donde la desconfianza y la experiencia del delito se retroalimenta. Quien sufre un robo o asalto no solo se convierte en una víctima estadística, sino también en multiplicador del temor colectivo.

El incremento simultáneo de percepción y victimización sugiere que el país vive un momento en el que la experiencia cotidiana valida los temores sociales. La gente no solo se siente insegura: tiene razones objetivas para estarlo. La ENVIPE ofrece algo más que estadísticas: brinda una brújula social. Sus resultados permiten entender la distancia —a veces corta, a veces abismal— entre lo que la gente vive y lo que cree vivir. Esa distancia debe importar tanto como las cifras duras de criminalidad. Un país puede mejorar en incidencia, pero si su población sigue sintiendo miedo, la inseguridad no habrá disminuido en sentido pleno. En 2025, la línea que separa percepción y realidad volvió a acercarse, y esa convergencia, lejos de tranquilizar, debería encender las alarmas.

La coincidencia entre percepción y victimización plantea un desafío. Cuando ambas suben, la sociedad refuerza la idea de que “todo está peor”, aunque los aumentos sean marginales. Ese sentimiento colectivo genera un efecto de arrastre sobre la confianza en las instituciones, en particular sobre las policías, ministerios públicos y autoridades locales, que suelen representar el primer eslabón del Estado frente al delito.

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