16/02/2026
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Delito sin cobertura, problema resuelto

Cuando son publicadas las encuestas sobre percepción de inseguridad, los altos porcentajes de población que percibe inseguridad son alarmantes. Por ejemplo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), durante 2024 y 2025 en varias ciudades más de 90 % de la población percibe inseguridad. En marzo de 2024, en Fresnillo hubo 95.4 % de la población que percibió inseguridad; en junio en la misma ciudad, 94.7 % de la población percibió inseguridad. Tapachula tuvo 91.9 % de percepción de inseguridad en septiembre de 2024. Villahermosa fue la ciudad con mayor porcentaje de percepción de inseguridad durante diciembre de 2024 con 95.3%; otras ciudades con porcentajes mayores a 90 % fueron: Uruapan, Fresnillo, Culiacán y Tuxtla Gutiérrez, con 92.5 %, 90.9 %, 90.6 % y 90.6 %, respectivamente. En el primer trimestre del año 2025, Villahermosa repitió como la ciudad con mayor porcentaje de inseguridad con 90.6 %. Durante el segundo semestre, Culiacán y Ecatepec tuvieron más de 90 % de percepción de inseguridad, con 90.8 % y 90.7 %. Finalmente, para los últimos dos trimestres del año 2025 no hubo ciudades con porcentajes mayores a 90.

Al observar estos niveles, es inevitable preguntarse qué hay detrás de estas cifras y cómo deben ser interpretadas. No son solo datos estadísticos llamativos, con un indicador que refleja estados de ánimo colectivos, experiencias cotidianas, narrativas mediáticas y contextos locales específicos.

En este caso, los datos de percepción capturan cómo se siente la población respecto a la seguridad en su ciudad. La percepción no coincide con el porcentaje de personas o de hogares víctima del delito, tampoco con las carpetas de investigación registradas por las Procuradurías o las Fiscalías; sin embargo, tampoco es un fenómeno aislado o subjetivo. La percepción influye en decisiones cotidianas: cambio de rutinas, evitar espacios públicos, modificar horarios, reducir actividades sociales o, incluso, migrar. 

La percepción de inseguridad se construye a partir de múltiples fuentes. Por un lado, intervienen las experiencias directas de victimización, propias o de otros integrantes del hogar. Por el otro, influyen los relatos de familiares, vecinos y conocidos, así como la información difundida en medios de comunicación tradicionales y plataformas digitales. Estos elementos conformas un entorno informativo que puede amplificar o atenuar la sensación de riesgo, independientemente de la incidencia delictiva registrada. 

También inciden factores contextuales. La presencia visible de delitos, operativos frecuentes, hechos violentos, conflictos y atestiguación de conductas antisociales generan señales que son interpretadas como indicadores de riesgo. La persistencia de problemas urbanos, como deficiencia sen el alumbrado público, abandono de espacios o baja presencia institucional refuerza la idea de vulnerabilidad. A esto se suma la desconfianza en las autoridades de seguridad y justicia. 

Es importante distinguir entre percepción y victimización, sin asumir que una invalidad a la otra. La percepción no es una medición directa del delito, pero sí constituye un indicador relevante del clima social. Cuando más de 90 % de la población declara sentirse insegura, el dato refleja un consenso amplio sobre el entorno, aunque los datos de delitos presenten variaciones. En este sentido, la percepción puede ser elevada, aunque otros indicadores, como incidencia delictiva y homicidios, muestren descensos temporales. 

Atribuir los niveles de percepción de inseguridad principalmente a la cobertura mediática resulta insuficiente. La difusión de hechos delictivos puede influir en la conversación pública, pero no explica por sí misma los niveles de percepción de inseguridad, al existir experiencias directas, señales visibles en el entorno y evaluaciones sobre el desempeño institucional. Reducir o moderar la publicación de información no modifica las condiciones objetivas que originan la preocupación social ni sustituye la necesidad de resultados verificables en materia de seguridad. La percepción cambia de manera sostenida cuando las experiencias y el entorno se modifican, no solo por alteraciones en el flujo informativo. Dejarlo todo a la publicación y debate en medios es restarle responsabilidad al gobierno para atender todos los otros factores que influyen en la percepción.

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