Desde hace varias semanas, muchos ciudadanos han tenido que hacer verdaderas peripecias para cruzar algunas de las avenidas más transitadas de Aguascalientes. El motivo: el retiro de puentes peatonales por problemas estructurales. La medida, en principio, parece sensata. Nadie quiere estructuras que representen riesgo. El problema no es la decisión; es la ejecución.
En enero de este año, el municipio de Aguascalientes anunció el retiro de al menos dos puentes peatonales ubicados en los fraccionamientos Pirules y colonia La España, así como otro en la colonia San Marcos, todos sobre Avenida Aguascalientes Poniente. La justificación fue clara: fallas estructurales que podían representar un peligro para la población. La intervención quedó a cargo de la Secretaría de Obras Públicas Municipales (SOPMA), señalando además que se “invitaría” a la ciudadanía a tomar rutas alternas o extremar precauciones durante los trabajos.
Sin embargo, más allá del anuncio, no se presentó un cronograma detallado ni información clara sobre alternativas permanentes para el cruce peatonal. Y cuando se trata de avenidas de alta circulación, la improvisación no es una opción menor.
En el caso del primer puente desmontado —entre Pirules y colonia La España— la solución temporal consistió en habilitar un carril del arroyo vehicular que pasa por debajo de Avenida Aguascalientes Poniente, delimitado con barriles naranjas y vigilado por patrullas viales. El detalle es que esta medida no opera de manera continua; en ciertos horarios se retira. Como si el flujo peatonal tuviera horario de oficina. Y cuando eso ocurre, la pregunta es inevitable: ¿cómo cruzan las personas?
Es importante reconocer que modernizar infraestructura puede ser positivo. En distintos enfoques de movilidad urbana se ha señalado que muchos puentes peatonales antiguos no son accesibles para adultos mayores, personas con discapacidad o quienes utilizan carriolas. Sustituir estructuras obsoletas por cruces más accesibles y seguros es una meta razonable. El problema es que esa transición debe planearse con precisión.
En estas zonas transitan diariamente decenas —si no cientos— de personas. Retirar una infraestructura sin garantizar, de manera visible y permanente, una alternativa segura eleva el riesgo que precisamente se pretende reducir. La seguridad no solo depende de la resistencia del concreto; también depende de la planeación.
Queda entonces la pregunta de fondo: cuando se decide ejecutar una obra pública, ¿se dimensiona plenamente el impacto cotidiano que genera en la ciudadanía? Porque desmontar es relativamente sencillo; lo complejo es prever cómo afectará la vida diaria de quienes necesitan cruzar esa avenida todos los días.
Tal vez el debate no es si los puentes debían retirarse, sino si la ciudad estaba preparada para hacerlo sin dejar a los peatones en medio del tráfico.
La ciudad no se vuelve más segura quitando puentes, sino construyendo soluciones. Y por ahora, las soluciones parecen tener horario.