En la consulta médica o en programas de control de peso, muchas veces el primer dato que se busca es el número en la báscula. Sin embargo, el peso corporal total es un dato incompleto: no distingue entre masa grasa, músculo, hueso o agua.
Dos personas pueden pesar lo mismo y tener estaturas similares, pero una puede presentar una alta proporción de músculo y poca grasa, mientras que la otra puede tener exceso de grasa y menor masa muscular.
Por eso, el verdadero parámetro de salud no es solo cuánto pesas, sino de qué está compuesto ese peso.
La composición corporal se refiere a la proporción de los distintos tejidos que forman el cuerpo humano. Entre los principales componentes se incluyen:
- Masa grasa: tejido adiposo total, que puede dividirse en subcutánea y visceral.
- Masa muscular: músculos esqueléticos que participan en el movimiento y metabolismo.
- Masa ósea: el peso de los huesos que da soporte y estructura.
- Agua corporal: distribuida entre el espacio intracelular y extracelular, esencial para todas las funciones vitales.
- Otros tejidos y órganos: vísceras, piel, tejido nervioso.
Medir la composición corporal permite identificar desequilibrios que el peso total no revela. Por ejemplo, una persona con “peso normal” pero con alta grasa corporal y poca masa muscular -una condición como obesidad sarcopénica- tiene un mayor riesgo de enfermedades metabólicas que alguien con más músculo y menos grasa, aunque pese más. Es por esto que el peso del musculo es de suma importancia.
El músculo no es solo un tejido para el movimiento. Cumple funciones vitales:
- Metabólicas: almacena y consume glucosa, ayudando a mantener estables los niveles de azúcar en sangre.
- Endocrinas: produce mioquinas, sustancias que reducen la inflamación y mejoran la función de otros órganos.
- Funcionales: sostiene la fuerza, movilidad e independencia en la vida diaria.
- Protección en enfermedades: en casos como cirugías, cáncer o infecciones, una buena masa muscular favorece la recuperación.
Conservar un nivel adecuado de músculo es clave para prevenir sarcopenia, osteoporosis, diabetes tipo 2 y pérdida funcional asociada con el envejecimiento.
Por otro lado, la grasa corporal cumple funciones fisiológicas importantes:
- Almacena energía.
- Protege órganos.
- Regula la temperatura corporal.
- Participa en la producción de hormonas como estrógenos y leptina.
El problema no es la grasa en sí, sino su exceso, especialmente en la zona abdominal. La grasa visceral -la que rodea órganos como el hígado, páncreas o intestinos- es la más peligrosa, ya que metabólicamente activa y se asocia con:
- Resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.
- Hipertensión arterial.
- Dislipidemias (colesterol y triglicéridos elevados).
- Enfermedades cardiovasculares.
- Hígado graso no alcohólico.
- Síndrome metabólico.
Esto ocurre porque la grasa visceral libera sustancias inflamatorias que afectan el metabolismo y dañan tejidos, acelerando el desarrollo de estas enfermedades.
Recomendaciones clave:
- El número en la báscula no define la salud. Es posible tener un peso “normal” con una composición corporal poco saludable.
- Prioriza el aumento o mantenimiento de la masa muscular y la reducción de grasa visceral es fundamental para mejorar tu salud metabólica, hormonal y funcional.
- Combina alimentación adecuada (rica en proteínas de calidad, verduras, grasas saludables), con entrenamiento de fuerza y actividad física aeróbica.
- Reducir la la grasa visceral es un objetivo clave para prevenir enfermedades crónicas y envejecer con calidad de vida.
En el próximo artículo, hablaremos de un tema que muchas veces se pasa por alto: la grasa visceral. Lejos de ser un simple «almacén de energía», este tipo de grasa se comporta como un órgano endocrino activo, capaz de producir hormonas y sustancias inflamatorias que afectan directamente tu salud.
No te lo pierdas. Te contaremos cómo reconocerla, por qué importa y qué puedes hacer desde hoy mismo para mantenerla bajo control.