El pasado 29 de agosto tuve la oportunidad de asistir a una función de box organizada por APEX Fighting Promotions, en el Salón Arenal. Confieso que no es el tipo de evento al que asisto habitualmente y quizá por eso terminé disfrutándolo y observándolo de una manera distinta.
Algo que me llamó la atención desde que llegué fue la respuesta de la gente. Hasta donde pude observar, la promoción se había concentrado principalmente en redes sociales, así como entre los propios atletas y gimnasios participantes. Sin embargo, el estacionamiento y el salón mostraban una asistencia considerable.
Adentro se vivía un ambiente familiar y tranquilo. Había quienes evidentemente conocían de box, familias acompañando a los peleadores y otros que, como yo, simplemente estábamos ahí para disfrutar una noche diferente.
Y hubo mucho que ver.
La cartelera contempló 19 combates: 10 profesionales y 9 amateurs. Una jornada amplia que permitió ver sobre el mismo cuadrilátero a jóvenes que comienzan a foguearse y a peleadores que ya buscan consolidar una trayectoria profesional.
Entre los triunfos de la noche estuvo el de Mauricio “Mosca” García, uno de los representantes aguascalentenses con mayor trayectoria de la función. García llegó a la pelea después de haberse coronado, en abril pasado, campeón superpluma de Fecombox —filial del Consejo Mundial de Boxeo—, con lo que mantuvo su condición de invicto.
También Pablo García terminó su combate con el brazo en alto, sumando otra victoria para el boxeo local.
Pero para quienes formamos parte del Grupo VOCES, había una pelea que inevitablemente íbamos a vivir de manera diferente: la de Elías Hernández.
Durante los días previos habíamos seguido su preparación y acompañado la promoción de su pelea. Elías llegó al cuadrilátero con un registro profesional previo de dos victorias y ninguna derrota para enfrentar a Josué Hernández, de San Miguel de Allende, Guanajuato.
Y volvió a ganar.
Más allá del resultado, verlo sobre el ring permitió dimensionar algo que desde fuera fácilmente olvidamos: detrás de unos cuantos minutos de combate existen semanas y meses de entrenamiento, disciplina, cansancio y sacrificios que el público normalmente no ve.
Una victoria dura unos segundos, los que tarda el réferi en levantar el brazo. Llegar hasta ese momento toma mucho más.
La noche, sin embargo, no fue solamente de Elías, Mauricio o Pablo. Los nueve combates amateurs dieron oportunidad a nuevos peleadores de acumular experiencia, mientras que las peleas profesionales permitieron a otros continuar construyendo su camino.
Y quizá ahí estuvo lo que más me dejó esta función.
Aguascalientes tiene jóvenes haciendo deporte, gimnasios formando peleadores y familias acompañándolos. Tiene también público dispuesto a llenar espacios para verlos competir. Lo que hace falta es que estos esfuerzos encuentren cada vez mayor difusión, mejores escaparates y espacios donde puedan llegar a más personas.
Porque apoyar al deporte local no debería comenzar únicamente cuando aparece una medalla, un campeonato o un nombre reconocido. También se construye en noches como ésta, acompañando a quienes todavía están buscando abrirse camino.
Me fui del Arenal después de haber visto una función que, sinceramente, resultó mucho más interesante de lo que imaginaba cuando llegué.
Desde el Grupo VOCES nos dio mucho gusto acompañar a Elías y celebrar su nueva victoria, pero también reconocer el esfuerzo de cada joven que esa noche se puso los guantes y tuvo el valor de subir al cuadrilátero.
Para Elías, una nueva victoria está en la cuenta. Para el boxeo de Aguascalientes, ojalá vengan más funciones, más espacios y muchos más reflectores.
El camino apenas comienza y pinta prometedor.