Mucho se habla sobre los datos, análisis de datos, grandes datos, administrador de datos y está de moda ser analista de datos, ingeniero de datos o científico de datos, pero ¿qué es un dato? Un dato es información sobre algo concreto. Es una representación simbólica, numérica, alfabética, entre otras, de un atributo. En los discursos públicos, los datos han pasado de ser representaciones para ser convertidos en dogmas. Hoy más que informarnos, parece que los datos están siendo usados para blindar argumentos y excusas.
En los últimos años parece que el dato se ha convertido en objeto de culto. Existe una fascinación por los números y muchas publicaciones que te prometen convertirte en analista de datos y tener sueldos “muy altos”. Parece que el mencionar un dato, alguna cifra, un número es suficiente para tener la razón y quien tenga más datos, es paladín de la verdad. Se ha vuelto hasta chiste decir “según los datos”, “yo tengo otros datos” para invocar una verdad incontestable. Pareciera que lo numérico tuviera el poder de borrar el conflicto, suspender los juicios y ser la verdad absoluta.
Diversas esferas, como la política, el periodismo e incluso las conversaciones cotidianas, las llenamos de frases como “según los datos”, “los datos no mienten”, “los números son claros”. Esta retórica funciona como escudo: detrás de cada dicho, si hay números, la verdad es indiscutible y objetiva. Sin embargo, no todo dato es útil y, desde luego, no todo número es neutral.
En el tema de la seguridad pública, la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) del INEGI, la tasa de prevalencia delictiva –personas víctimas del delito- fue de 23 323 personas por cada 100 000 habitantes, poco menos de un cuarto de la población fue víctima de al menos un delito. En comparación, al preguntar sobre la percepción de inseguridad, el panorama cambia ya que 73.6% de la población consideró insegura su entidad federativa. Esto muestra una clara discrepancia entre realidad y percepción.
¿Hay más delitos o hay más miedo? ¿Ha empeorado la situación o solo estamos más atentos? La diferencia entre “realidad medida” y “realidad percibida” es incómoda. Muestra que los datos no siempre explican lo que sentimos y, en este caso, sentirnos seguras no es lo mismo que estar seguras.
Esto no ha impedido que actores políticos presenten, se aferren y defienden una u otra cifra, a conveniencia. Si bajan los delitos, se celebra. Si aumenta la percepción de inseguridad, se le atribuye a las narrativas o a otro nivel de gobierno. El dato se convierte en argumento y es usado a conveniencia dependiendo del momento y situación política y se niega y desdeña a aquel que ya contra el tono del discurso. Porque hay algo que los datos no hacen: no incomodan. Solo lo hace quien los interpreta con honestidad.