30/03/2026
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Encuestas, likes y precampañas disfrazadas

El próximo 6 de junio de 2027 se celebrarán elecciones en el estado de Aguascalientes para renovar la gubernatura, las 11 alcaldías y las 19 diputaciones locales de mayoría. En el ámbito federal, se renovará la Cámara de Diputados y se desarrollarán los procesos vinculados al Poder Judicial. Es decir, se conjuntarán elecciones locales, federales y judiciales en una misma jornada. Casi nada.

Este contexto ha detonado dos fenómenos que empiezan a marcar el ambiente electoral desde ahora. Por un lado, la proliferación de “encuestas” —en realidad, en muchos casos, simples sondeos— que presentan “punteros” y “preferencias” con una precisión que pocas veces se explica. Por otro, el despliegue de representantes populares y funcionarios que, sin estar formalmente en campaña, organizan eventos, informes y recorridos que buscan proyectar músculo político, arraigo territorial y presencia pública.

La pregunta inevitable es si en el caso de las elecciones judiciales veremos algo distinto o si replicarán las mismas lógicas: perfiles improvisados, candidaturas impulsadas desde estructuras y procesos que privilegian la forma sobre el fondo.

En este escenario, las encuestas en redes sociales han ganado terreno como herramienta de posicionamiento. Conviene distinguir. Existen encuestas formales, con diseño muestral, metodología, margen de error y patrocinio identificable. Pero la mayoría de los ejercicios que circulan en redes no cumplen con esos estándares. Son sondeos abiertos, publicados por páginas o medios digitales, sin control metodológico verificable.

El problema no es menor. Las encuestas en redes presentan limitaciones claras:

  • No son representativas: participa quien quiere, no quien corresponde a una muestra.
  • Tienen sesgo de audiencia: los seguidores de una página no reflejan al electorado.
  • Son susceptibles de manipulación: votaciones múltiples, coordinación de grupos o uso de cuentas automatizadas.
  • Carecen de transparencia metodológica: no hay muestra, ni margen de error, ni criterios de levantamiento.

Incluso en el caso de algunas casas encuestadoras que publican resultados con apariencia técnica, persisten dudas legítimas sobre la selección de la muestra, los niveles de no respuesta o los criterios de levantamiento. No basta con presentar cifras; se requiere claridad en cómo se construyen.

 

El Instituto Nacional Electoral establece que las encuestas formales deben informar quién las financia, tamaño de muestra, método de levantamiento y margen de error. Poco de esto aparece en la mayoría de los ejercicios que circulan cotidianamente en redes.

Entonces, ¿para qué sirven estas “encuestas”?

Sirven para posicionar narrativas (“vamos arriba”), para medir el ánimo de simpatizantes, no del electorado, y para incidir en procesos internos de los partidos. En ese sentido, más que medir intención de voto, miden capacidad de movilización digital.

Y aun con sus debilidades, generan efectos reales:

  • Efecto arrastre: algunos se suman a quien perciben como puntero.
  • Efecto desánimo: desmovilizan a quienes “van abajo”.
  • Negociación interna: influyen en decisiones de candidaturas.
  • Agenda mediática: se replican sin mayor cuestionamiento.

Todo esto ocurre en un contexto de precampañas de facto, donde los aspirantes operan en tres frentes:

  1. Posicionamiento anticipado: Entrevistas, columnas, eventos “temáticos”, recorridos en colonias y mensajes ambiguos: “es tiempo de…”, “estamos listos…”. Nada explícito, pero todo sugerente.
  2. Activación territorial: Reuniones con estructuras partidistas, liderazgos locales y sectores específicos. Organización de equipos que después serán base de campaña.
  3. Construcción de imagen digital: Crecimiento en redes, contenido aspiracional, cercanía cotidiana y, en algunos casos, publicidad segmentada.

No es casual. En México, más del 70% de los usuarios de internet utiliza redes sociales, lo que convierte al espacio digital en el principal terreno de posicionamiento previo. * 

La elección será en 2027, pero la disputa por la percepción ya empezó. Y ahí está el punto.

Hoy no necesariamente gana quien tiene más votos, sino quien logra instalar primero la idea de que ya los tiene. En esta etapa, las encuestas no solo buscan medir la realidad: buscan moldearla.

* Fuente: ENDUTIH, INEGI.

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