27/04/2026
2 mins read

Zacatecas y Fresnillo

Hay dos líneas en los datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) que vale la pena leer juntas, aunque cuenten historias distintas. La primera es la de Fresnillo. La segunda, la de Zacatecas. Ambas muestran descensos en el porcentaje de población que se siente insegura. Pero el punto del que bajan no es el mismo, y eso importa.

Fresnillo llegó a un pico de 97.7 % en el primer trimestre de 2023. Prácticamente toda la población adulta declarando sentirse insegura. No hay mucho margen estadístico para empeorar a partir de ahí. Desde ese punto, la curva fue cediendo: 96.0, 95.4, 94.7… y luego una caída más pronunciada hacia el final de la serie. En el primer trimestre de 2026, el indicador se ubica en 70.7 %. Es una reducción real. Pero 70.7 % sigue siendo siete de cada diez personas. Fresnillo baja desde un lugar que pocas ciudades del país han conocido.

Zacatecas capital sigue una trayectoria parecida en forma, distinta en nivel. Su pico fue 94.3 % en el primer trimestre de 2023, también elevado, también cercano al techo. Y también ha bajado: 74.6 % en el primer trimestre de 2026. La distancia entre ambas ciudades se ha mantenido relativamente estable a lo largo del tiempo. No es que una se recupere más rápido que la otra. Es que operan en registros distintos: Fresnillo siempre ha estado varios puntos arriba.

Eso no es un detalle menor. La percepción de inseguridad no es solo un termómetro del estado de ánimo colectivo. Refleja la acumulación de experiencias directas e indirectas: lo que le pasó a un vecino, lo que se escucha en el mercado, lo que ya no se hace de noche. Cuando ese indicador se sostiene durante años en niveles de 90 o más, el tejido cotidiano se reorganiza alrededor de la amenaza. Los descensos recientes son una señal, pero no borran esa acumulación.

Hay que leer la tendencia con cuidado. Los últimos trimestres muestran una caída sostenida en ambas ciudades. Eso es distinto a una fluctuación. Pero también es cierto que la serie histórica de la ENSU está llena de momentos en que el indicador bajó para luego repuntar. Fresnillo mismo tuvo periodos de mejoría —2018, 2019, principios de 2025— que no se sostuvieron. La pregunta no es solo si baja, sino si la baja se afirma.

Lo que los datos no dicen es por qué baja. La ENSU mide percepción, no causas. Puede que haya menos incidentes. Puede que la gente haya ajustado sus expectativas. Puede que el miedo se haya vuelto tan cotidiano que ya no sorprende y, en consecuencia, ya no se reporta de la misma manera. Distinguir entre esas posibilidades requiere otros datos, otras preguntas.

Lo que sí dicen las gráficas es que Zacatecas y Fresnillo siguen siendo dos de las ciudades con percepción de inseguridad más alta del país, aun después de la baja. No hay forma de leer un 70.7 % como una señal de normalidad. Es un punto de partida, no un punto de llegada.

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Previous Story

El agua no se administra con lonas (aunque sí se promociona con ellas)

Next Story

La Feria Nacional de San Marcos: Una mirada jurídica desde los Derechos Humanos en México

Latest from Blog

Go toTop