
En la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) se aplican dos preguntas sobre las policías, y que conviene no confundir. Una es si la población las considera efectivas. La otra es si les tiene confianza. No miden lo mismo. Una persona puede considerar que la policía actúa (que patrulla, que responde, que aparece) sin confiar en sus motivaciones ni en su trato. También puede ocurrir lo inverso: cierta confianza institucional que no se traduce en la percepción de que las cosas funcionan. En Guanajuato, Irapuato y León, entre el primer trimestre de 2024 y el primero de 2026, esas dos dimensiones ofrecen una lectura que va más allá de los titulares.
El primer dato estructural que emerge de la serie es que las tres ciudades guanajuatenses no comparten un mismo punto de partida. Guanajuato capital opera consistentemente varios puntos por encima de Irapuato y León en ambos indicadores. En efectividad, la ciudad capital se mueve entre 66 y 74 % a lo largo de los nueve trimestres. León e Irapuato, en cambio, raramente superan 60 % y en varios trimestres caen por debajo de 50 %. La distancia es de casi 20 puntos en algunos momentos.
Esto plantea una pregunta que los datos no responden por sí solos: ¿qué explica esa brecha? Las tres ciudades comparten el mismo cuerpo policial estatal. La diferencia en la evaluación que hace la población difícilmente puede atribuirse solo al desempeño diferenciado de la institución en cada municipio. Es necesario considerar factores como la dinámica delictiva local, la exposición mediática a hechos violentos, la densidad de experiencias directas de victimización y la expectativa que cada ciudad tiene sobre lo que una policía debería hacer. Guanajuato capital tiene una dinámica de violencia diferente a la de Irapuato o León, y eso permea la evaluación de sus instituciones.
El segundo trimestre de 2025 es un momento de inflexión en la serie. Irapuato registró entonces su punto más bajo en efectividad: 42.8 %. Menos de la mitad de la población adulta considerando que la policía estatal hace bien su trabajo. León cayó a 45.9 % en ese mismo periodo. En confianza, los mínimos ocurren también en ese rango temporal: Irapuato baja a 46.6 % en el tercer trimestre de 2025, y León a 48.9 % en el segundo.
La ENSU mide percepciones, no operativos ni carpetas de investigación. Lo que registra es lo que la gente piensa en el momento en que responde la encuesta, y ese pensamiento está atravesado por lo que vio, escuchó y leyó en las semanas previas. Cuando la violencia es visible —baja la evaluación de quien se supone que debe contenerla.
El dato más llamativo de toda la serie es el del primer trimestre de 2026 en León. En efectividad, la ciudad sube de 53.2 % en el cuarto trimestre de 2025 a 65.0 % en el primero de 2026: casi 12 puntos en un solo trimestre. En confianza, el salto va de 51.6 % a 59.6 %. Son movimientos grandes para una variable que tiende a ser relativamente estable entre trimestres.
La percepción es sensible a eventos recientes, a operativos visibles, a noticias que circulan en el entorno inmediato. Un trimestre puede registrar algo que ocurrió en las últimas semanas antes de la encuesta. Por eso conviene leer ese rebote con reservas: no es la primera vez que una ciudad muestra una recuperación pronunciada para luego estabilizarse o retroceder. La propia serie histórica de la ENSU en otras ciudades del país está llena de esos movimientos. Si el primer trimestre de 2026 es el inicio de una tendencia o una fluctuación puntual, lo confirmarán los próximos datos.
En la mayor parte de la serie, los dos indicadores se mueven juntos en las tres ciudades. Quien considera efectiva a la policía también tiende a confiar en ella, y viceversa. Pero hay momentos en que esa correlación se afloja, y esos momentos son estadísticamente interesantes.
En Guanajuato capital, durante el tercer trimestre de 2025, la efectividad sube a 71.9 % mientras que la confianza llega a 71.8 %: prácticamente la misma cifra, y ambas en su punto más alto de la serie. Eso es inusual. Normalmente la confianza tiende a ser algo más baja que la efectividad, porque reconocer que algo funciona no implica confiar plenamente en quienes lo hacen. Cuando ambas convergen en niveles altos, puede estar reflejando un momento de validación institucional genuina, o puede ser una coincidencia temporal. En cualquier caso, es el punto más favorable que registra cualquiera de las tres ciudades en toda la serie.
En el extremo opuesto, Irapuato en el tercer trimestre de 2025 muestra confianza (46.6 %) más baja que efectividad (50.5 %). La policía actúa, o al menos eso parece, pero no genera adhesión. Es una combinación que no es excepcional en la literatura sobre instituciones de seguridad: la gente puede reconocer presencia sin otorgar legitimidad.
La ENSU no pregunta por qué la gente confía o desconfía, ni qué entiende por efectividad. Tampoco distingue si la evaluación responde a experiencias directas con la policía estatal o a la imagen general de la seguridad pública en la ciudad. Esas limitaciones son importantes. Un porcentaje de 49 % en confianza puede encubrir poblaciones muy distintas: quienes tuvieron una mala experiencia concreta, quienes nunca han interactuado con un agente estatal pero tienen una imagen negativa construida por medios, y quienes simplemente dudan de toda institución pública independientemente de su ramo.
Lo que sí permite la serie es comparación temporal y comparación entre ciudades. Y ahí los datos son elocuentes: Guanajuato capital no vive la misma relación con su policía estatal que Irapuato o León. Las brechas son consistentes, no son ruido estadístico. Y el hecho de que León muestre el movimiento más brusco de la serie sugiere que es la ciudad con mayor volatilidad en la percepción, lo cual puede reflejar tanto sensibilidad a eventos puntuales como una opinión pública menos consolidada sobre la institución.
Los datos no dicen que la policía estatal funciona bien ni que funciona mal. Dicen que una parte significativa de la población en las ciudades más grandes del estado la evalúa por debajo del umbral de mayoría en confianza, y que esa evaluación fluctúa más de lo que sería deseable si el objetivo fuera construir una relación estable entre ciudadanía e instituciones de seguridad. Eso también es información.