La ENVIPE 2026 del INEGI, presentada el 10 de septiembre, muestra que a nivel nacional cinco indicadores de seguridad disminuyeron: tasa de prevalencia delictiva, tasa de incidencia delictiva, percepción de inseguridad en la entidad, percepción de inseguridad en el municipio o demarcación territorial y percepción de inseguridad en la colonia o localidad. La tasa de prevalencia delictiva cayó 2.7% y la de incidencia 1.4%, ambas referidas a 2025. La percepción de inseguridad disminuyó 2.1% cuando la pregunta es sobre la entidad, 6.0% cuando es sobre el municipio y 11.2% cuando es sobre la colonia o localidad, en la medición de 2026 frente a la de 2025. Es un año en que estos indicadores se movieron en la misma dirección, a la baja, pero no con la misma intensidad.
Cada uno de estos indicadores mide fenómenos distintos. La prevalencia es la proporción de personas que fueron víctimas de algún delito; la incidencia, el número de delitos por cada cien mil habitantes. Las dos vienen del módulo de victimización y están referidos al año anterior a la encuesta. La percepción de inseguridad registra el porcentaje de la población que considera inseguro vivir en su estado, su municipio o su colonia al momento en que se levanta el cuestionario (febrero-abril). Una puede bajar sin que la otra lo haga. Eso es justo lo que pasó en 2026. La victimización apenas disminuyó en 2.7% menos de personas víctimas y 1.4% menos de delitos, mientras la percepción bajó bastante más, sobre todo en el entorno cercano. La reducción de 11.2% en la percepción sobre la colonia es más de cuatro veces la caída de la prevalencia. La gente se sintió más segura en una proporción mayor a la que dejó de ser víctima.
El detalle geográfico de la percepción tiene su propia lógica. Cuanto más cerca de casa es la pregunta, más grande fue la mejora: 2.1% sobre la entidad, 6.0% sobre el municipio, 11.2% sobre la colonia. Los mexicanos revisaron a la baja su miedo al lugar donde viven mucho más que su miedo al estado completo. La percepción sobre la entidad, que es la más abstracta de las tres, fue también la que menos cambió. El dato nacional esconde un país disparejo. En doce entidades mejoraron los cinco: Aguascalientes, Coahuila, Chiapas, Morelos, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sonora, Tabasco, Veracruz, Yucatán y Zacatecas. En el extremo opuesto está Baja California Sur, la única donde empeoraron los cinco, con aumentos de 3.6% en prevalencia, 12.0% en incidencia y subidas de 31.6%, 24.7% y 4.3% en las tres percepciones.
Lo más interesante ocurre donde las dos dimensiones apuntan en sentidos contrarios. En la Ciudad de México la incidencia delictiva subió 25.1% y la prevalencia 13.4%, pero la percepción de inseguridad bajó en los tres niveles: 2.0% sobre la entidad, 7.1% sobre el municipio y 8.9% sobre la colonia. En Guanajuato la incidencia creció 20.0% y aun así la percepción cayó en todos los cortes, hasta 18.9% en la colonia. Baja California e Hidalgo repiten el patrón: más delitos medidos, menos inseguridad sentida. En estos estados la gente reportó vivir más hechos delictivos y, al mismo tiempo, sentirse más tranquila.
El caso inverso es raro, pero conviene registrar sus matices. La cuenta de «indicadores que disminuyeron» trata cada baja como equivalente, sin importar su tamaño. Nuevo León aparece con cuatro de cinco a la baja, pero su incidencia cayó apenas 0.4% y su prevalencia subió 1.7%; casi toda su mejora viene de la percepción, que bajó 13.1% sobre la entidad. Chihuahua, en cambio, suma un solo indicador a la baja: su incidencia creció 36.7%, la mayor alza del cuadro, y solo la percepción sobre la colonia disminuyó. Un mismo número en la última columna puede significar cosas muy distintas según qué indicador se haya movido y por cuánto.
La ENVIPE es anual, y la edición de 2027 dirá si la mejora en la percepción viene seguida de menos víctimas, o si la sensación de seguridad se sostiene sin que la victimización la acompañe. Dirá también qué pasa en los estados donde el delito subió este año –la Ciudad de México, Guanajuato, Chihuahua, Hidalgo- y si la percepción termina por alcanzarlos. Por ahora, la única lectura firme es que en 2026 los mexicanos ajustaron más su miedo que su experiencia.