Francia
Francia enfrenta una ola de protestas que comenzó a principios de octubre con movilizaciones estudiantiles y se extendió a agricultores, transportistas, sindicatos, activistas climáticos y sectores vinculados con los chalecos amarillos. Las manifestaciones reúnen demandas relacionadas con mejores condiciones educativas, aumento de becas, pérdida del poder adquisitivo, encarecimiento de los combustibles y rechazo a los recortes presupuestarios. Según los balances citados, más de 500 mil personas participaron en unas 90 concentraciones, principalmente pacíficas, aunque algunas derivaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
Los disturbios registrados en ciudades como París, Marsella, Lyon, Burdeos y Limoges dejaron, según los reportes difundidos, una persona fallecida, alrededor de 2 mil detenidos y unos 600 integrantes de los servicios de seguridad y emergencia heridos. También se denunciaron incendios, ataques contra edificios públicos y saqueos en aproximadamente mil 500 establecimientos comerciales, con pérdidas estimadas en cientos de millones de euros. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, atribuyó los actos violentos a grupos de ultraizquierda, mientras que sectores de la oposición cuestionaron la actuación de las autoridades y las responsabilidades políticas detrás de los disturbios.
El conflicto ocurre en medio de las dificultades del gobierno de Emmanuel Macron para aprobar medidas presupuestarias en un Parlamento fragmentado y del descontento acumulado por sus políticas económicas. Ante la escalada de violencia, el Ejecutivo reforzó los operativos policiales y anunció medidas para restringir determinadas concentraciones, además de exigir acciones judiciales contra los responsables de los destrozos. La respuesta gubernamental también ha generado cuestionamientos por el uso de gases lacrimógenos, cañones de agua y granadas aturdidoras, mientras continúan las exigencias sociales que dieron origen a las movilizaciones.